Yacimiento arqueológico
Un yacimiento arqueológico se define como un lugar que contiene evidencias físicas de actividad humana pasada, y que puede encontrarse en diferentes ámbitos, desde entornos urbanos a rurales, pasando por cavidades o el fondo del mar. Estas «huellas», dejadas por los humanos en el paisaje a lo largo del tiempo, pueden tener diferente naturaleza (estructuras, niveles o enterramientos), y deben ser estudiadas mediante la metodología arqueológica para permitir su comprensión y contexto.
El mundo mediterráneo, en especial, ha estado ocupado por los humanos desde hace miles de años por lo que, hoy en día, son muchos los lugares en los que se pueden encontrar restos arqueológicos que deben ser protegidos, conservados y valorizados.
En la Comunidad Valenciana contamos, desde 1998, con la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano, una herramienta que constituye el marco legal para la conservación, difusión y fomento del patrimonio cultural, que delega la protección de los yacimientos en los ayuntamientos, mediante el Catálogo de Protecciones. La existencia de un marco legal, y de un reglamento de actuaciones arqueológicas, permite, por un lado, la protección física de estos lugares impidiendo su destrucción y/o alteración y, por otro, el estudio científico de estos espacios mediante la metodología de la arqueología, que se centra en documentar todos los restos y sus relaciones para una correcta interpretación y, a su vez, permite la recuperación y custodia de los restos muebles documentados (en los museos arqueológicos designados por la administración).
Además del interés puramente científico por el conocimiento de las sociedades pasadas, dentro de la disciplina arqueológica, debe existir una dimensión o responsabilidad social destinada a la promoción, divulgación y difusión entre la ciudadanía, ya que la comprensión y el conocimiento de estos lugares es la clave para implicar a la sociedad civil en su custodia.
Estos lugares, una vez protegidos e investigados, pueden convertirse en parques o zonas arqueológicas, siendo una ventana al pasado que vincula a los habitantes de los municipios donde se hallan con sus antepasados, aumentando el sentimiento de pertenencia a un lugar (algo muy importante en estos tiempos de despoblación rural). En este sentido, las visitas guiadas, preferentemente organizadas desde los centros educativos, o la literatura especializada, son buenas herramientas para difundir, conocer y valorar estos restos.
Por último, aunque no menos importante, es la vertiente del retorno económico que pueden ofrecer estos sitios ya que, si bien es necesario realizar estudios arqueológicos y labores de conservación especializadas cofinanciadas por las administraciones públicas, también pueden ser una fuente de ingresos para los municipios que los albergan mediante la llegada de un turismo especializado, de calidad y familiar.


