Mas, masía
Casa de labor con finca agrícola y ganadera del secano. Unidad del poblamiento rural disperso, conjunto de la edificación y las tierras que trabaja, característica de las áreas de secano valenciano y, en general, de la antigua Corona de Aragón. Es una explotación extensiva agrícola, ganadera y forestal, de carácter unifamiliar y vocación autárquica, comercia determinadas producciones y excedentes pero su objetivo es el autoabastecimiento.
La edificación de la masía la componen el cuerpo de vivienda, las dependencias agrícolas y los corrales, que se ubican en una finca parcelada según sus tres aprovechamientos básicos: campos de cultivo, áreas de pastos y bosques. Una casa habitada por la familia troncal que sigue el sistema de herencia unipersonal, en régimen de propiedad, enfiteusis o arrendamiento, con la intención de asegurar la continuidad dinástica y la integridad de las tierras que trabaja.
«Mas» es el término valenciano, originario y de tradición oral, que define a la casa y sus tierras, «masos» en plural, y «masovers» sus habitantes, «masía» se usa preferentemente para denominar a la edificación, «masada» para referirse a la agrupación de «masos», y el genérico masía es la denominación castellana que predomina en actas notariales y documentación oficial. El término «mas» tiene origen en «mansus», que en el latín medieval adquiere significado fiscal, de propiedad o explotación familiar y que en el reparto feudal se estableció como unidad básica de aprovechamiento territorial, capaz de abastecer a un clan familiar y determinar la renta de sus impuestos.
A pesar de su marcada variabilidad histórica, social, agrícola y arquitectónica, se identifican tres modelos básicos de la masía valenciana. Uno al norte castellonense de fundación medieval vinculado a la repoblación cristiana feudal, una edificación ganadera y cerealista que habita montañas mediterráneas de inviernos fríos y que conforma la edificación adosada al desnivel del terreno. Un segundo modelo de base agrícola que produce aceite y vino en las áreas del secano arbóreo de las comarcas centrales y occidentales, una casa de labor que se asienta en llano, de origen castellano y bajomedieval, extendida durante el impulso agrario del siglo xvi, con volumetría de perfil horizontal y que compone la edificación en torno a un patio. El tercer tipo es autóctono, de concepción ilustrada y de origen dieciochesco, localizado en las sierras alicantinas y la franja costera de las comarcas de La Marina, una casa académica y compacta que trabaja el secano arbóreo, vinculada en las zonas de montaña a la burguesía urbana y en el litoral a la elaboración de la pasa.
La primera generación de masías es de origen medieval vinculada al dominio feudal, surgida del reparto modular de tierras en base a la unidad de labor que permitía la autarquía, establecida según la superficie que podía labrar un par de caballerías para el cultivo del cereal, estimada en unas 10 hectáreas, por lo que, al trabajarse en barbecho, cada «mas» contaba con unas 20 hectáreas de cultivo para garantizar la producción anual de pan. Esta parcelación territorial, de «masos d’un par de cavalleries», ha perdurado hasta nuestros días allí donde se mantuvo la herencia unipersonal, o d’hereu, como Els Ports y parte de l’Alt Maestrat.
Una segunda generación de masías surge como resultado del proceso de transformaciones agrarias y la expansión demográfica del siglo xviii ilustrado, respaldado durante el xix por las leyes de desamortización que favorecieron la roturación de nuevas tierras y animaron al reparto de herencia equitativa. Se fragmentan las antiguas propiedades autárquicas, nacen masías jóvenes o se forman agrupaciones en torno a la propiedad original, masadas. La segunda generación se extiende por todo el territorio, con especial intensidad en las comarcas alicantinas, donde originó buena parte del poblamiento disperso, y en las comarcas centrales castellonenses donde se produjo una intensa generación de masías agrícolas y de vocación comercial, con edificaciones modestas y parcelas menores, que proliferaron en el ámbito del secano arbóreo, enfocadas en el cultivo del almendro, el olivo y la vid.
El cambio socioeconómico y la crisis del modelo agrario tradicional a mediados del siglo xx hicieron improductivo el poblamiento en masías, iniciando su abandono. En la economía de mercado actual, la economía autárquica de las masías no genera ingresos suficientes para cubrir los gastos modernos de energía, tecnología, impuestos o servicios, salvo mediante grandes explotaciones mecanizadas y especializadas, cuya viabilidad requiere la agregación de fincas, la inversión en mecanización y la reconversión de los aprovechamientos, procesos que solo unas pocas han podido acometer, generalmente vinculadas al ganado vacuno. Otras masías han sobrevivido transformando su función en residencial, turística o de servicios.
Las masías modelaron el paisaje valenciano mediante el aprovechamiento de los recursos locales, siguiendo la trilogía productiva mediterránea de montaña que combina cultivo cerealista, ganadería ovina y aprovechamiento forestal para garantizar el autoabastecimiento. El masover transformó su entorno: redujo y aclaró bosques, amplió áreas de pastos, abrió nuevos espacios cultivables mediante roturación y escalonado de laderas con bancales, incorporando cultivos foráneos como trigo, cebada, vid y olivo, todo configurado delimitado y construido con piedra. Estas intervenciones conformaron el paisaje, cuya huella perdura como expresión de la interacción del hombre con la naturaleza, referente de nuestra memoria social e identidad cultural, patrimonio etnográfico y arquitectónico.


