Campanario
“El sitio donde se ponen las campanas para tocarlas, que por lo regular es la torre, y en lo más alto de ella” según el Diccionario de Autoridades de 1729. Hay campanarios en catedrales, iglesias parroquiales, ermitas, templos conventuales y de monasterios, etc. Algunas son altivas torres como las de Santa María de Ontinyent o la Seu de Xàtiva. Otras apenas unas humildes espadañas en pequeñas ermitas. No todos los campanarios pertenecen a las parroquias o diócesis. En las comarcas septentrionales valencianas hay campanarios civiles, construidos en su día por los ayuntamientos. Por ejemplo, la monumental torre anexa a la parroquia de Sant Joan Baptista de Alcalà de Xivert. Albergan campanas de todos los tamaños y pesos. Algunas enormes, como la de Timbres de Quart de Ibi; La Mayor o Santa Águeda de Jérica; la Mare de Deu de l’Oreto de l’Alcúdia o Andrea la gorda de Ayora. Todavía se conservan y suenan campanas góticas en Soneja, Culla, Faura, Traiguera, Biar, Forcall, la Todolella, Pina de Montalgrao o Puebla de San Miguel. Pero los estragos de la Guerra Civil y el abandono causaron la pérdida de campanas históricas, muchas de las cuales han sido sustituidas por otras modernas.
El campanario es el lugar donde se “tocan” las campanas: en efecto, se las hace sonar empleando las manos. Por eso, las diferentes combinaciones de sonidos se denominan “toques”. Los hay de diario y de domingo; de fiesta mayor y de fiesta menor; de muerto, distinguiendo si era mujer, hombre, niño; toques de protección; de aviso de tormenta; etc. Ritmaban la jornada en la sociedad tradicional, cuando poca gente disponía de un reloj y cuando la escasa contaminación acústica permitía que los mensajes de las campanas se escucharan limpiamente a gran distancia. Forman parte de tradiciones y ritos como el volteo o bandeo de la campana Guillermina de Castielfabib en el que una persona gira con ella sujetándose al yugo.
La desaparición de la figura de los campaneros (también alguna campanera) en los años sesenta y la consiguiente electrificación pusieron en crisis ese rico paisaje sonoro que animaba ciudades y pueblos valencianos. Campanarios, campanas y toques constituyen un relevante patrimonio cultural que ha sido reivindicado, estudiado y recuperado en los últimos decenios gracias al esfuerzo de asociaciones de campaneros. La Generalitat Valenciana cuenta con un Inventario General de Campanas.
Los campanarios suelen ubicarse en el centro de los pueblos, desde donde parecen observar todo lo que ocurre en la localidad. De ahí se deriva la expresión “política de campanario” que se aplica a un modo de ejercicio político con poca amplitud de miras, ceñido a un localismo empobrecedor. Joan Fuster escribió en algún lugar que finalmente toda política es de campanario, es local. Tal vez pensara en la máxima atribuida a Patrick Geddes de “piensa globalmente, actúa localmente”. En el mundo rural, la presión social de comunidades pequeñas puede llegar a ser muy dura. Junto a los valores rurales de la solidaridad, la identidad o el trabajo comunitario, también puede ejercerse un intenso control. A veces el campanario del pueblo puede albergar el ojo escrutador del “gran hermano” de George Orwell en su distopía “1984”.

