Xiprer (ciprés)
El ciprés es un árbol resinoso originario del Mediterráneo oriental, que vive en estado salvaje en Grecia, Turquía y países próximos, pero que fue ampliamente difundido por los romanos y culturas posteriores, hasta extenderse aquí su presencia como especie cultivada. Crece con fines ornamentales y, sobre todo, lo asociamos a su presencia como árbol funerario, que nunca falta en los cementerios. Pertenece al género botánico Cupressus, que tiene unas 25 especies, distribuidas fundamentalmente en el Hemisferio Norte.
El nombre del ciprés es Cupressus sempervirens. Sempervirens significa “siempre verde” ya que es un árbol perennifolio. Las hojas tienen forma de escamas y las ramillas y ramas, muy aromáticas, crecen apretadas, lo que permite podar estos árboles para crear setos o darles formas artísticas, los llamados “topiaris”. El fruto es una suerte de piña esférica o algo alargada, muy apretada. La resina es escasa en el árbol; como la de otras especies próximas como las sabinas, emite un olor parecido al incienso cuando se quema.
Las formas típicas del ciprés son de copa abierta, pero las que se han cultivado tradicionalmente son verticales y estrechas, hasta el punto de que, cuando se dan en otras especies de árboles, se dice que tienen un porte “acipresado”. La forma verticalizada del ciprés se asocia a la espiritualidad, como recogió el célebre poema “El Ciprés de Silos”, del poeta Gerardo Diego.
Además de su uso como árbol funerario, el ciprés posee una madera muy duradera y de alta calidad, usada en el pasado para hacer vigas, puertas y otras estructuras las casas, y para algunos fines artesanales, como la fabricación de instrumentos musicales (por ejemplo, para la fabricación de las guitarras flamencas tradicionales). Las hojas se han utilizado con diferentes fines medicinales, y su aceite esencial es muy apreciado en aromaterapia.
Las semillas del ciprés suelen germinar con facilidad, permitiendo que se haya producido con abundancia en los viveros, y que se haya popularizado mucho su empleo como planta ornamental, sobre todo para formar setos. Esta última utilidad también se ha transferido al ámbito agrícola, al plantarse a menudo para generar muros vegetales con función de cortavientos. En épocas de escasez, las ramas del ciprés se llegaron a usar para alimento del ganado, al igual que las de sus parientes, las sabinas o travinas.
Los cipreses son plantas especialmente longevas, que pueden superar los 1.000 años de edad, aunque se piensa que su vida media es de unos 500 años. Esto hizo que en algunas zonas se plantaran como mojones vivos para separar las propiedades o para permitir ver en la distancia el trazado de caminos y pistas en el ámbito rural. De hecho, los alineamientos de cipreses son frecuentes en las cunetas de pistas forestales en muchos de nuestros montes.

