Pino
Los pinos (género Pinus) son un grupo de árboles resinosos, de troncos altos y aislados, con hojas aciculares (en forma de agujas) y cuya fructificación son las piñas, formadas por escamas leñosas que encierran las semillas. Estas últimas suelen ser pequeñas y aladas, para dispersarse gracias al viento, aunque en algunas especies, como el pino piñonero, son grandes, de cubierta dura, carentes de ala, y encierran una parte comestible, el piñón.
En las tierras valencianas están bien representados por hasta cinco especies, siendo la más abundante el pino blanco o carrasco (Pinus halepensis). Es la especie más característica del paisaje forestal valenciano, ocupando gran parte de los terrenos naturales de media y baja altitud sobre suelos neutros o ricos en cal. Sobre los suelos más descalcificados se distribuye sobre todo el pino rodeno (P. pinaster), de acículas mayores y más oscuras, más rígidas, y piñas de gran tamaño, que tradicionalmente se usaban como ornamento navideño, formando parte inseparable de los belenes en nuestras casas.
Ascendiendo de altitud aparece el pino negral (Pinus nigra), parecido al carrasco pero de corteza más blanca o plateada y piñas pequeñas. Es frecuente a partir de 1.000 m de altitud en el interior de Valencia y Castellón sobre terrenos calizos, y en las cimas más elevadas, en torno a 1.500 m, es sustituido por el pino albar o rojal (Pinus sylvestris), de acículas más azuladas y corteza anaranjada en la parte superior de la copa. Este último se localiza en muy pocas zonas, sobre todo en las cotas superiores del Rincón de Ademuz e interior y norte de Castellón (Penyagolosa, Pico de Santa Bárbara, etc.). Ambas especies producen troncos más rectos y altos que las anteriores, por lo que tradicionalmente han sido objeto del aprovechamiento maderero, elemento sustancial para la economía rural en muchas comarcas interiores.
La quinta especie es el pino piñonero (Pinus pinea), de copa aparasolada y corteza anaranjada o rojiza, que crece en arenales interiores, habiéndose plantado en las zonas costeras para la fijación de dunas móviles, como se hizo en el litoral de Elche y Guardamar del Segura a principios del siglo xx. Además de consumirse en fresco, cocinados o formando parte de dulces tradicionales, los piñones son objeto de fórmulas populares de preparación ya casi extinguidas, como las piñas verdes en aguasal, que aún se consumen entre Requena y la Manchuela conquense-albaceteña.
Los pinos, dada su abundancia natural y dominancia histórica en el paisaje, han sido y siguen siendo un elemento sustancial para la economía rural, siendo fuente de madera y combustible vegetal. Bajo su sombra se han alimentado y refugiado los ganados, además de proveer el hábitat de cientos de especies de fauna silvestre y, sobre todo, de numerosas especies de hongos, en muchos casos comestibles. De ellos destacan sobre todo los níscalos o rebollones (rovellons o esclata-sangs en valenciano), especies del género Lactarius, que son las setas para las que hay más tradición popular de recolección y consumo en nuestro territorio. Además, las hojas y otras partes de los pinos se han usado ampliamente en la medicina tradicional, sobre todo por su valor tonificante y para combatir las enfermedades respiratorias.
La resina del pino dio lugar durante siglos a actividades locales del ámbito rural, como las de la fabricación de la pegunta o pez, o el calafate, que se realizaba en hornos tradicionales cuyos restos son aún localizables en algunos de nuestros montes. Algunas de las especies, como el pino rodeno, se sometían a un proceso de sangrado de la resina para su obtención más masiva, como fuente para la obtención industrial de la trementina, el aguarrás u otros productos similares.
Los pinares o «pinadas» son el principal elemento del paisaje vegetal en la mayoría de nuestros pueblos, estando íntimamente ligados a la idiosincrasia local y siendo uno de los principales alicientes para el turismo rural. Sin embargo, algunas de sus especies y en particular el pino carrasco son altamente inflamables e incluso tienen un comportamiento pirófito (es decir, pueden beneficiarse del incendio forestal expandiendo sus poblaciones y germinando sus piñones con gran densidad, siempre que el fuego no se repita en lapsos de pocos años). Esta es la especie más rústica para la repoblación forestal a fin de mitigar la erosión de nuestros montes, pero al germinar en gran densidad tras el paso del fuego, a menudo no es necesario acudir a su plantación.
La toponimia de muchos de nuestros parajes está relacionada con los pinos (incluso nombres de poblaciones y pedanías, como L’Alfàs del Pi o Pinedo). Además, una parte sustancial de los árboles monumentales o de mayor valor cultural local en la mayoría de nuestros pueblos son precisamente pinos, a menudo con nombres propios.


