Flora
La flora es el conjunto de las plantas, es decir, la diversidad de árboles, arbustos, hierbas y las llamadas «plantas inferiores», que carecen de verdaderas flores y semillas, como ocurre con los helechos, los musgos y hepáticas, y las algas verdes y rojas. No obstante, este término se aplica también a otros organismos como los hongos, los líquenes y otros grupos de algas, que se incluyen actualmente en reinos biológicos diferentes al de los vegetales.
Este es un concepto próximo, pero diferente del referido al conjunto vegetal agrupado para formar el paisaje, ya que ese otro significado corresponde a la palabra «vegetación». Además de lo anterior, el término «flora» se aplica a la agrupación de otros seres vivos que no son plantas, como ocurre con la llamada «flora microbiana», formada por los microorganismos que viven en el cuerpo humano, destacando sobre todo el caso de la microbiota o flora intestinal.
La diversidad de la flora es un elemento central de nuestro bagaje cultural, ya que gran parte de los alimentos, muchos condimentos y la mayoría de las medicinas tradicionales provienen del mundo vegetal. De hecho, casi todas las especies conocidas de plantas tienen utilidades farmacéuticas.
Las plantas han sido la principal fuente tradicional de combustible, de fibras textiles, de materias primas para mobiliario y construcción, de alimento para el ganado, etc. Hasta época reciente, cuando el plástico y otros materiales sintéticos han ido sustituyéndolos, los elementos vegetales eran el principal componente de nuestras propias casas a través de muebles, vigas, puertas, marcos de ventanas, etc. Igualmente, la gran mayoría de herramientas agrícolas estaban fabricadas con madera, a menudo provenientes de especies tradicionalmente cultivadas a tal efecto, como el almez, especialmente en comarcas como el Alto Palancia o el Valle de Ayora y Cofrentes.
La vida en el planeta, y especialmente la de los animales, incluido el ser humano, depende en gran parte de la producción de oxígeno y la depuración de gases tóxicos que realiza la flora, tanto silvestre como cultivada. Además, la contaminación de los suelos, su pérdida de fertilidad, la erosión, etc., se combaten o remedian mediante el uso de las plantas.
Todo lo anterior justifica que la flora, a través sobre todo de las especies más conocidas o de usos más tradicionales, forme parte de la esencia del lenguaje que utilizamos a diario, participando a menudo en refranes, frases hechas, etc., sobre todo en el mundo rural, donde la dependencia de los vegetales y sus productos sigue siendo un elemento fundamental para la vida diaria y la sostenibilidad económica. En muchos casos, las plantas dan nombre a barrancos, montañas, ríos, etc., siendo un elemento identitario de primer orden. Incluso algunas de nuestras sierras más emblemáticas son famosas por su diversidad de hierbas y flores (basta recordar el caso de la sierra de Mariola, «tota floretes», que ya era conocida por esta causa para los botánicos europeos desde el siglo xvi).
Y, para cerrar esta reseña sobre la flora y sus componentes —las plantas—, conviene recordar que las tierras valencianas son una de las regiones de Europa con mayor diversidad vegetal (más de 3.500 especies de árboles, arbustos, hierbas y helechos) y, sobre todo, de las que poseen mayor concentración de especies exclusivas a nivel mundial, que no viven en otras zonas del planeta, los llamados «endemismos». En torno a 400 de esas especies valencianas son endemismos de la Península Ibérica, y más de 90 de ellas son endemismos exclusivos, que solo aquí viven como plantas silvestres nativas, y que solo nosotros podemos conservar sobre el terreno.


